En clase, los profesores suelen mandar que hagamos redacciones sobre algún tema determinado, tanto teórico como más abstracto, y yo disfruto haciendo muchas de ellas como buena alumna de humanidades. Me gustan especialmente aquellas que tratan sobre alguna cuestión más abstracta o filosófica, aquellas en las que tengo que pensar realmente qué poner y que me dan la posibilidad de conocerme más a mí misma. Las disertaciones de Filosofía suelen hacerme pensar mucho, con reflexiones o críticas sobre temas muy ambiguos sobre el mundo en el que vivimos, este es, en efecto, el cometido de esta asignatura a la que considero tan importante, aunque haya sido relegada a un segundo plano por los representantes que organizan el Estado.
Por ello, aprovecho para compartir una de ellas en la que se pretendía hacer una crítica sobre algún tema defendido por Aristóteles en su filosofía. Mi elección, su concepción de la idea de felicidad :
Entre las ideas
propuestas por Aristóteles se encuentra aquella que defiende que el fin último,
la meta del comportamiento humano es la felicidad, directamente relacionada con
el Bien, y la cual se consigue mediante el desarrollo del razonamiento y
teniendo en cuenta la prudencia y la templanza como instrumentos para guiarte
en este camino. Teniendo en cuenta que esta idea fue desarrollada hace siglos,
creo que si la relacionamos con la actualidad, estaremos todos de acuerdo
respecto a su base, pero si nos la planteamos en profundidad, pueden surgirnos
otras dudas: ¿qué es realmente la felicidad? ¿Está desfasada la idea de
Aristóteles?
En mi opinión, ser
feliz no es solamente cumplir con nuestra función en la sociedad, con realizar
de la forma más correcta posible el fin propio y natural de cada ser vivo. Es
cierto que el fin del ser humano es ser feliz, pero no se trata de un estado
tan cuadriculado, tal y como lo describe Aristóteles. Las personas, en mayor o
menor medida, somos soñadoras y la felicidad consiste en llegar a conseguir
esos sueños que creemos imposibles. Todo esto sin olvidar que la felicidad es
totalmente subjetiva, al igual que aspectos como el amor o el bien, y por tanto
depende de cada uno, los sueños, los objetivos que tenga, las experiencias
vividas, sus gustos o su visión del mundo. Así pues, hay diferentes tipos de
felicidad, la felicidad en las pequeñas cosas o en la mayor riqueza posible, la
que reside en el conocimiento frente a la de la ignorancia, la que reside en un
ser querido, en la aceptación de uno mismo, el éxito, el poder o la plena
libertad… A todo esto, considero que la felicidad más pura es la del que menos
sabe y menos tiene, la felicidad de un niño.
Aristóteles afirma
también que la felicidad del ser humano se encuentra en los aspectos del alma,
ya que esta es la esencia de las personas y creo que no podía estar más en lo
cierto, sin embargo, es concretamente en el alma donde se encuentra el
pensamiento y en él residen todas las trabas y preocupaciones que nos hacen
alejarnos de este sentimiento tan amplio y tan completo.
Todo lo que hacemos
tiene el fin de hacernos felices, satisfacernos a nosotros mismos, pensamos en
hacer lo correcto, aquello que nos haga sentir mejor. Sin embargo, el ser
humano también es inconformista, lo que me lleva a pensar que la felicidad en
sí, la felicidad plena no existe o no sabremos apreciarla cuando la tengamos,
por lo tanto, esta quedará anulada. No llegará nunca el momento en que sintamos
que ya hemos conseguido todo lo necesario para ser felices, en cambio sí que
existen los momentos o etapas de felicidad que pueden luego difuminarse. Por
ejemplo, cuando éramos pequeños, éramos también muy felices, pero este tipo de
felicidad se fue diluyendo a medida que crecíamos o, por otra parte, la
felicidad que nos proporciona un ser querido que desaparece cuando se va.

No hay comentarios:
Publicar un comentario