martes, 1 de agosto de 2017

Una aguja en un pajar

Qué agradable es esa zona de confort, esa tierra, tu hogar.
Es ese el lugar en donde te sientes totalmente cómodo, en donde creciste y te formaste como persona, esa pequeña acotación de territorio en el que realmente te conoces a ti mism@ y te sientes libre, tu verdadero yo en estado puro.

Es tan cómodo y gratificante ese lugar que cuando sales de él, te sientes otra persona, perdida e incomprendida, ansiosa de conocer y crear un nuevo hogar, un nuevo círculo, nuevas amistades, nueva rutina, un nuevo pedacito de ti mism@.

Lo que dejamos atrás nos hace ser quienes somos, aquello que llevamos grabado en nuestra piel y nunca desaparecerá. Como un vaso de agua salada en un tanque de agua dulce, aunque más dispersa, nunca perderá esa sal, aquello que le hace destacar. Nunca perderá su esencia.

Porque esa nueva tierra, ese nuevo hogar que te aguarda, no cabe duda de que reserva gran cantidad de sorpresas para darte. Está preparada para probarte, para conocerte, para ponerte por delante los obstáculos más duros, para enseñarte, para hacerte sentir una aguja en un pajar. Ese nuevo desafío que te espera, no cabe duda de que será un gran sacrificio pero tampoco de que será también un intenso e incansable aprendizaje, incomparable con cualquiera de los anteriores.

El camino es la meta, tu particular Odisea, todas esas Ítacas que un día te hicieron soñar sin tener en cuenta que lo más importante y enriquecedor es aquello que te encuentras por el camino, porque tu verdadero destino se encuentra en el propio viaje.