ÚLTIMA HORA, la noticia del día, del mes, impactante cuanto menos si te queda aún un ápice de humanidad, teniendo en cuenta el mundo en el que vivimos. "Rita Barberá muere de un infarto en un hotel de Madrid". Un escalofrío me recorrió el cuerpo en cuanto lo leí y lo primero que pensé fue que se trataba de una broma de muy mal gusto, pero me di cuenta de que este titular pertenecía a un periódico serio y no dudé en abrir la noticia.
Muere una de las personalidades más polémicas del momento y no precisamente por sus buenas acciones. Después de 24 años al frente de la alcaldía de Valencia, una de las ciudades más importantes de nuestro país, podemos decir que ha hecho cosas muy buenas por esta ciudad, seríamos unos necios al negarlo, pero también sabemos que Rita Barberá ha estado implicada y ha sido llamada a declarar por más de una trama de corrupción. Esto ha llevado al PP a destituirla, por toda la polémica, presión mediática y descontento social que estaba creando la situación. Sin embargo, tras su muerte, su líder afirma que la señora ha dado su vida por el partido y ha sido uno de los mejores perfiles de este, entonces, ¿por qué ha sido expulsada?
A la vez que puedo llegar a entender la negativa de Podemos de guardar un minuto de silencio en el Congreso de los Diputados a la ex alcaldesa, me parecen de muy mal gusto comentarios colgados en las redes sociales cuyo único cometido es hacer un daño innecesario, ensañándose del sufrimiento de una familia "Rita al crematorio a sentir en su cuerpo el 'caloret faller'".
Ni una cosa, ni la otra, no es necesario llegar a los extremos. Una cosa es respetar la muerte de una persona y otra muy distinta es homenajear a una política corrupta que se ha burlado de todos nosotros en numerosas ocasiones, desde el "caloret faller" hasta sus "coleguitas" pasando por los sobres de dos billetes de quinientos. Que cada uno le guarde luto a su manera pero, guardándole homenaje en una institución pública o plantearse siquiera darle su nombre a un aeropuerto, como si la comparasen con Adolfo Suárez, da que pensar a la población sobre las supuestas medidas de corrupción que van a llevarse a cabo o el sentido de justicia español.
La señora a la que el día anterior llamaban ladrona a las puertas del juzgado, ha fallecido y que descanse en paz, pero la muerte no la convierte en mejor política.
